Sunday, September 23, 2007

Nota AmbitoWeb. 20/09/2007


¿Qué hizo Almodóvar para merecer esto?
«¿De quién es el portaligas?» (íd., Arg., 2007, habl. en esp.). Dir.: F. Páez. Int.: R. Ricci, J. Cardinali, L. Balcarce, C. Banegas, L. Cruz, V. Ginás, R. Fontanarrosa.


Por: Carolina Liponetzky

Fito Páez siempre tuvo debilidad por su Rosario natal y las mujeres artistas. A sus dos pasiones dedicó decenas de canciones, así como a la literatura y al cine, aunque su incursión en este último no haya sido de lo más feliz, a juzgar por la fallida «Vidas privadas» y la nueva «¿De quién es el portaligas?». Este film es una síntesis apretada de los temas que Páez siempre visitó, más su afán por parecerse a Pedro Almodóvar y las historias de mujeres al borde de un ataque de nervios, incluyendo un estado de coma irreversible que termina revirtiéndose y tanto resuena a «Hable con ella».

Esta comedia, tan estridente como sus colores, transcurre en los ´80 y gira en torno al enigma del portaligas del título, que destapa el engaño al personaje de Leonora Balcarce, de parte de su novio, quien se acuesta con una de sus mejores amigas (Julieta Cardinali). Pero la amistad es más fuerte y ambas son tal para cual: depresivas, adictas a las drogas y los tranquilizantes, coquetean con el suicidio y el homicidio, gritan y despotrican, corren, pero no llegan jamás a ningún lado. Hasta que la engañada se monta a una moto y, lo más lejos donde llega es la sala de terapia intensiva con el freno de la moto incrustado en su pecho.

La primera parte insiste con el estilo videoclip, que sólo busca impactar y fragmentar antes que narrar, pero se estabiliza a medida que avanza el film. En cuanto a la construcción de personajes no parece haber matices, pues al ser todos tan psicóticos se pierde de vista la enfermedad, Y si bien las ideas del film no son del todo malas (el plan de las amigas Cardinali y Ricci para matar a alguien, extirparle el corazón y transplantarlo a la amiga, más la vuelta de tuerca final), el tono es inverosímil: el cortarse las venas, el parto o el secuestro, tienen todos la misma carga emotiva, van de lo abúlico a lo maníaco, sin escalas.

La persecución final a lo «Thelma y Louise» (Páez dedicó el tema «Dos días en la vida» a Geena Davis y Susan Sarandon) incluye corrida, auto, caballos y hasta globo aerostático. Si bien las tres protagonistas se muestran frescas, nadie les cree la tonada rosarina exagerada, pero mucho menos la burda taxista que le toca en suerte a Cristina Banegas. Aceptable en cambio Lito Cruz como un mafioso que cumple condena en la cárcel o Darío Grandinetti como el jefe de una banda criminal, aunque en todos los casos faltó marcación de actores. Aparece Roberto Fontanarrosa como un juez, Verónica Llinás como madre ególatra que vela por su hija en coma, Horacio Fontova como un brujo, Fabiana Cantilo como psicoanalista y hasta Lía Crucet como la mucama de hotel culpable del entuerto del portaligas. Son lo mejor, pero también lo más efímero.

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